viernes 5 de noviembre de 2010

El goce de Escribir, Marguerite Duras

"Escribir era lo único que llenaba mi vida y la alegraba. La escritura no me ha abandonado nunca".
“Algunos escritores están asustados. Tienen miedo de escribir. Lo que ha ocurrido en mi caso, quizás haya sido que nunca he tenido miedo de ese miedo. He hecho libros incomprensibles y han sido leídos.”

Marguerite Duras




Una vez, tuve dieciséis años. A esta edad todavía tenía aspecto de niña.
Era al volver de Saigon, después del amante chino, en un tren nocturno, el tren de Burdeos, hacia 1930. Yo estaba allí con mi familia, mis dos hermanos y mi madre. Creo que había dos o tres personas más en el vagón de tercera clase con ocho asientos, y también había un hombre joven enfrente mío que me miraba. Debía de tener treinta años. Debía de ser verano.
Yo siempre llevaba estos vestidos claros de las colonias los pies desnudos en unas sandalias. No tenía sueño.
Este hombre me hacía preguntas sobre mi familia, y yo le contaba cómo se vivía en las colonias, las lluvias, el calor, las verandas, la diferencia con Francia, las caminatas por los bosques, y el bachillerato que iba a pasar aquel año, cosas así, de conversación habitual en un tren, cuando uno desembucha toda su historia y la de su familia.
Y luego, de golpe, nos dimos cuenta que todo el mundo dormía. Mi madre y mis hermanos se habían dormido muy deprisa tras salir de Burdeos.
Yo hablaba bajo para no despertarles. Si me hubieran oído contar las historias de la familia, me habrían prohibido hacerlo con gritos, amenazas y chillidos. Hablar así bajo, con el hombre a solas había adormecido a los otros tres o cuatro pasajeros del vagón. Con lo cual este hombre y yo éramos los únicos que quedábamos despiertos, y de ese modo empezó todo en el mismo momento, exacta y brutalmente de una sola mirada.
En aquella época, no se decía nada de estas cosas, sobre todo en tales circunstancias. De repente, no pudimos hablarnos más. No pudimos, tampoco, mirarnos más, nos quedamos sin fuerzas, fulminados. Soy yo la que dije que debíamos dormir para no estar demasiado cansados a la mañana siguiente, al llegar a París. Él estaba junto a la puerta, apagó la luz.
Entre él y yo había un asiento vacío. Me estiré sobre la banqueta, doblé las piernas y cerré los ojos. Oí que abrían la puerta, salió y volvió con una manta de tren que extendió encima mío. Abrí los ojos para sonreírle y darle las gracias.
Él dijo: "Por la noche, en los trenes, apagan la calefacción y de madrugada hace frío". Me quedé dormida.
Me desperté por su mano dulce y cálida sobre mis piernas, las estiraba muy lentamente y trataba de subir hacia mi cuerpo. Abrí los ojos apenas. Vi que miraba a la gente del vagón, que la vigilaba, que tenía miedo.
En un movimiento muy lento, avancé mi cuerpo hacia él. Puse mis pies contra él. Se los di. Él los cogió. Con los ojos cerrados seguía todos sus movimientos. Al principio eran lentos, luego empezaron a ser cada vez más retardados, contenidos hasta el final, el abandono al goce, tan difícil de soportar como si hubiera gritado.
Hubo un largo momento en que no ocurrió nada, salvo el ruido del tren. Se puso a ir más deprisa y el ruido se hizo ensordecedor.
Luego, de nuevo, resultó soportable. Su mano llegó sobre mí. Era salvaje, estaba todavía caliente, tenía miedo. La guardé en la mía. Luego la solté, y la dejé hacer. El ruido del tren volvió. La mano se retiró, se quedó lejos de mí durante un largo rato, ya no me acuerdo, debí caer dormida. Volvió. Acaricia el cuerpo entero y luego acaricia los senos, el vientre, las caderas, en una especie de humor, de dulzura a veces exasperada por el deseo que vuelve. Se detiene a saltos. Está sobre el sexo, temblorosa, dispuesta a morder, ardiente de nuevo. Y luego se va.
Razona, sienta la cabeza, se pone amable para decir adiós a la niña. Alrededor de la mano, el ruido del tren. Alrededor del tren, la noche. El silencio de los pasillos en el ruido del tren. Las paradas que despiertan.
Bajó durante la noche.
En París, cuando abrí los ojos, su asiento estaba vacío.
El tren de Burdeos





" Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo. La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud. Su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado.
(...)
Entre los dieciocho y veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto, ese envejecimiento fue brutal. Ví como se apoderaba de mis rasgos uno a uno... He conservado aquel rostro nuevo. Ha sido mi rostro. Ha envejecido más por supuesto, pero relativamente menos de lo que hubiera debido. Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada. No se ha deshecho... ha conservado los mismos contornos pero la materia está destruida. Tengo un rostro destruido... "
El amante



Debiera no conocerla, haberla encontrado en todas partes a la vez, en un hotel, en una calle, en un bar, en un libro, en una película, en usted mismo, en usted, en ti, al capricho de tu sexo enhiesto en la noche que grita por un cobijo, por un lugar en el que desprenderse de los llantos que lo colman.
Pudiera haberla pagado.
Hubiera dicho: Tendría que venir cada noche durante muchos días.
Ella le hubiera mirado largamente, y después le hubiera dicho que en ese caso era caro.
Y después ella pregunta: ¿Qué es lo que quiere?
Usted dice que quiere probar, intentarlo, intentar conocer eso, acostumbrarse a eso, a ese cuerpo, a esos pechos, a ese perfume, a la belleza, a ese peligro de alumbramiento de niños que representa ese cuerpo, a esa forma imberbe sin accidentes musculares ni de fuerza, a ese rostro, a esa piel desnuda, a esa coincidencia entre esa piel y la vida que encubre.
Usted dice que quiere probar, probar muchos días quizás.
Quizás muchas semanas.
Quizás hasta toda la vida.
Ella pregunta: ¿Probar el qué? Usted dice: Amar.
Ella pregunta: ¿Por qué otra vez?
Usted dice para dormir encima del sexo quieto, allí donde usted no conoce.
Usted dice que quiere probar, llorar allí, en ese preciso rincón del mundo.
Ella sonríe, pregunta: ¿También querría de mí?
Usted dice: Sí. Aún no conozco, quisiera penetrar ahí también. Y con tanta violencia como tengo por costumbre. Dicen que se resiste más aún, que es un terciopelo que se resiste más aún que el vacío.
Ella dice que no tiene opinión, que no puede saber.
Ella pregunta: ¿Cuáles serían las otras condiciones?
Usted dice que debiera callarse como las mujeres de sus antepasados, doblegarse completamente a usted, a su voluntad, serle enteramente sumisa al igual que las campesinas en las granjas tras la cosecha cuando derrengadas dejaban acercarse a ellas a los hombres, mientras dormían -todo ello para que usted pueda acostumbrarse poco a poco a esa forma que se amoldaría a la suya, que estaría a su merced como las devotas lo están a la de Dios- esto también, para que poco a poco, con el día creciente, tenga menos miedo de no saber dónde colocar su cuerpo ni hacia qué vacío amar.
Ella le mira. Y luego deja de mirarle, mira a otro lado. Y después responde.
Ella dice que en ese caso es aún más caro. Dice la cifra a pagar.
Usted acepta.
El mal de la muerte


"Como tú, yo también he intentado luchar con todas mis fuerzas contra el olvido. Como tú, he olvidado. Como tú, he deseado tener una memoria inconsolable. Una memoria de sombras y piedras. He luchado por mi cuenta. Con todas mis fuerzas. Contra el horror de no entender ya la necesidad de acordarme. Como tú, he olvidado.
¿Por qué negar la necesidad evidente de la memoria? Escúchame. Todavía sé. Volveré a empezar. Doscientos mil muertos. Ochenta mil heridos en nueve segundos, son cifras oficiales. Volveré a empezar. Habrá diez mil grados sobre la tierra. Diez mil soles, dirán. El asfalto arderá y reinará un profundo caos. Una ciudad será destruida entonces y se convertirá en cenizas.
Me encuentro contigo, me acuerdo de ti, ¿quién eres? Me matas, me das placer.
¿Cómo saber que esta ciudad estaba hecha para el amor? ¿Cómo saber que tu cuerpo estaba hecho para mí? Me gustas, qué acontecimiento, me gustas. Qué lentitud, de repente. Qué dulzura. No puedes saber. Me matas, me das placer. Me matas. Me das placer. Tengo tiempo, te lo ruego, devórame.
¿Por qué no tú, en esta ciudad, en esta noche? Tan parecida a las demás como para confundirla."
Hiroshima mon amour




Él espera. Ella devuelve su rostro a la sombra con los ojos cerrados y a su vez espera.
Entonces, a su vez, él lo hace. Lo hace primero encima de la boca. El chorro se estrella en los labios, en los dientes ofrendados, salpica los ojos, el cabellos y luego baja por el cuerpo, inunda los pechos, lento ya en el fluir. Cuando llega al sexo se renueva, se estrella en su calor, se mezcla a su leche, espuma, y luego se agota.
Los ojos de la mujer se entreabren sin mirada y vuelven a cerrarse. Verdes.
El hombre sentado en el pasillo



Es domingo por la mañana, las diez, en el cruce de las calles Jacob y Bonaparte, en el barrio de Saint-Germain-des-Prés, hace diez días.
Un joven que viene del mercado de Buci avanza hacia este cruce. Tiene veinte años, viste muy miserablemente, y empuja una carretilla llena de flores: es un joven argelino, que vende flores a escondidas, como vive. Avanza hacia el cruce Jacob-Bonaparte, menos vigilado que el mercado, y se detiene allí, aunque bastante inquieto.
Tiene razón. No hace aún diez minutos que está allí –no ha tenido tiempo de vender ni un solo ramo– cuando dos señores “de civil” se le acercan. Vienen de la calle Bonaparte. Van a la caza. Nariz al viento, husmeando el aire de este hermoso domingo soleado, prometedor de irregularidades, como otras especies, el perdigón, van directo hacia su presa.
¿Papeles?
No tiene papeles de autorización para entregarse al comercio de flores.
Así, pues, uno de los dos señores se acerca a la carretilla, desliza debajo su puño cerrado y -¡eh!, ¡qué fuerte es!- de un solo puñetazo vuelca todo el contenido. El cruce se inunda de las primeras flores de la primavera (argelina).
Ni Eisenstein, ni nadie están ahí, para captar la imagen de las flores por el suelo, que mira el joven argelino de veinte años, escoltado a uno y otro lado por los representantes del orden francés. Los primeros coches que transitan por allí, y esto no puede impedirse, evitan destrozar las flores, esquivándolas instintivamente mediante un rodeo.
Nadie en la calle, excepto, sí, una mujer, una sola:
– ¡Bravo!, señores –exclama–. Ven ustedes, si se hiciera eso cada vez, nos libraríamos pronto de esta chusma. ¡Bravo!
Pero viene del mercado otra mujer, que iba tras ella. Mira, tanto las flores como al joven criminal que las vendía, y a la mujer jubilada, y a los dos señores. Y sin decir palabra, se inclina, recoge unas flores, se acerca al joven argelino, y le paga. Después de ella, llega otra mujer, recoge y paga. Después de ésta, llegan otras cuatro mujeres, se inclinan, recogen y pagan. Quince mujeres. Siempre en silencio. Aquellos señores patalean.
Pero, ¿qué hacer? Esas flores están en venta y no se puede impedir que se quiera comprarlas.
Apenas han pasado diez minutos. No queda ni una sola flor por el suelo.
Después de esto, los citados señores pudieron llevarse al joven argelino al puesto de policía.
Las flores del argelino
France-Observateur © 1957


Foto: Paul Von Borax

He vivido sola con el alcohol durante veranos enteros, en Neauphle. La gente venía los fines de semana. Durante la semana estaba sola en la gran casa, y allí el alcohol adquirió todo su sentido. El alcohol hace resonar la soledad y termina por hacer que se lo prefiera antes que cualquier otra cosa. Beber no es obligatoriamente querer morir, no. Pero, uno no puede beber sin pensar que se mata. Vivir con el alcohol es vivir con la muerte al alcance de la mano. Lo que impide que uno se mate cuando está loco de la embriaguez alcohólica, es la idea de que, una vez muerto, no beberá más. Empecé a beber en las fiestas, en las reuniones políticas, primero los vasos de vino y luego el whisky. Y luego, a los cuarenta y un años, encontré a alguien que le gustaba de verdad el alcohol, y que bebía cada día, pero razonablemente. Lo superé en seguida. Esto duró diez años. Hasta la cirrosis y los vómitos de sangre. Me paré durante diez años. Era la primera vez. Volví a empezar, y volví a parar, ya no sé por qué. Luego, dejé de fumar, y sólo pude hacerlo bebiendo de nuevo. Es la tercera vez que paro. Nunca, nunca he fumado opio ni haschis. Me he «drogado» con aspirina todos los días durante quince años. Nunca me he drogado de verdad. Al principio bebí whisky y calvados, lo que llamo alcoholes insípidos, cerveza y verbena de Welay, lo peor, según se dice, para el hígado. Por último, empecé a beber vino y ya no lo he dejado.

Desde que empecé a beber, me convertí en una alcohólica. En seguida me puse a beber como una alcohólica. Dejé a todo el mundo detrás mío. Empecé a beber a los atardeceres, luego bebí los mediodías, luego por las mañanas, y después empecé a beber por las noches. Una vez por noche, y luego cada dos horas. Nunca me he drogado con otra cosa. Siempre he sabido que si me metía con la heroína, la escalada sería rápida. Siempre he bebido con hombres. El alcohol permanece asociado al recuerdo de la violencia sexual, la hace resplandecer, es inseparable de ella. Pero en espíritu. El alcohol sustituye el acontecimiento del goce, pero no ocupa su lugar. En general, los obsesos sexuales no son alcohólicos. Los alcohólicos, incluso «a nivel de vertedero», son unos intelectuales. El proletariado, que ahora es una clase más intelectual que la clase burguesa, de muy lejos, tiene una propensión al alcohol, en el mundo entero. El trabajo manual es sin duda de todas las ocupaciones del hombre la que le lleva más directamente hacia la reflexión, es decir hacia la bebida. Ved la historia de las ideas. El alcohol hace hablar. Es la espiritualidad hasta la demencia de la lógica, es la razón que intenta comprender hasta la locura por qué esta sociedad, por qué este Reino de la Injusticia... y que siempre concluye con una misma desesperación. Un borracho es a veces grosero, pero raramente obsceno. Algunas veces se encoleriza y mata. Cuando se ha bebido demasiado, se vuelve al principio del ciclo infernal de la vida. Se habla de felicidad, se dice que es imposible, pero se sabe lo que quiere decir la palabra.

Carecemos de un dios. Este vacío que se descubre un día en la adolescencia nada puede hacer que jamás haya tenido lugar. El alcohol ha sido hecho para soportar el vacío del Universo, el mecimiento de los planetas, su rotación imperturbable en el espacio, su silenciosa indiferencia en el lugar de vuestro dolor. El hombre que bebe es un hombre interplanetario. Se mueve en un espacio interplanetario. Es allí donde permanece al acecho. El alcohol nos consuela, no amuebla los espacios psicológicos del individuo, sólo sustituye la carencia de Dios. No consuela al hombre. Produce lo contrario, el alcohol conforta al hombre en su locura, lo transporta a las regiones soberanas donde es dueño de su destino. Ningún ser humano, ninguna mujer, ningún poema, ninguna música, ninguna literatura ni ninguna pintura puede sustituir esta función del alcohol en el hombre, la ilusión de la creación capital. Está ahí para remplazarla. Y lo hace en toda una parte del mundo que habría debido creer en Dios y que ya no cree en él. El alcohol es estéril. Las palabras del hombre dichas en la noche de la borrachera se desvanecen con ella tan pronto como llega el día. La borrachera no crea nada, no va con las palabras, ofusca la inteligencia, la sosiega. He hablado bajo los efectos del alcohol. La ilusión es total: lo que uno dice, nadie lo ha dicho aún. Pero el alcohol no crea nada que permanezca. Es el viento. Como las palabras. He escrito bajo los efectos del alcohol, tenía una facultad para dominar la borrachera, que me venía sin duda del horror por la borrachera. Jamás bebía para estar borracha. Jamás bebía deprisa. Bebía todo el tiempo y nunca estaba borracha. Estaba retirada del mundo, inalcanzable, pero no borracha.

Una mujer que bebe es como un animal que bebiera, un niño. El alcoholismo llega al escándalo con la mujer que bebe: una mujer alcohólica es rara, es grave. Lo que se ataca es la naturaleza divina. He reconocido este escándalo a mi alrededor. En mis tiempos, para tener la fuerza de afrontarlo en público, entrar sola en un bar, de noche, por ejemplo, era preciso haber bebido ya.

Siempre se dice demasiado tarde a la gente que bebe demasiado. «Bebes demasiado.» Es escandaloso decirlo en todos los casos. Uno mismo jamás sabe que es alcohólico. En un cien por cien de los casos la noticia se recibe como una injuria, y uno dice: «Si me dice esto, es que me odia.» En cuanto a mí, el mal ya estaba muy avanzado cuando me lo dijeron. Estamos en un espacio de principios anquilosados. Hasta cierto punto se deja morir a la gente. Creo que en la droga este escándalo no existe. La droga separa completamente al individuo drogado del resto de la Humanidad. Ésta no arroja al individuo a los cuatro vientos, por las calles, no hace de él un vagabundo. El alcohol es la calle, el asilo, los otros alcohólicos. La droga es muy corta, la muerte viene muy deprisa, la afasia, la oscuridad, los postigos cerrados y la inmovilidad Nada consuela de dejar de beber. Desde que ya no bebo, tengo simpatía por la alcohólica que era. Verdaderamente he bebido mucho. Luego, acudieron en mi auxilio, pero entonces cuento mi historia y no hablo del alcohol. Es increíblemente simple, los verdaderos alcohólicos, sin duda, son lo que hay de más simple. Estamos ahí donde el sufrimiento no puede hacer sufrir. Los vagabundos no son desgraciados. Es una tontería decir eso, están borrachos de la manana a la noche, las veinticuatro horas seguidas. Lo que viven no podrían vivirlo en ninguna otra parte que no sea en la calle. Durante el invierno de 1986-1987, antes de verse desprendidos de su litro de vino a su llegada al asilo de noche, prefirieron arriesgar la muerte y el frío. Todo el mundo intentó saber por qué no querían ir al asilo, y era por eso.

Lo más duro no son las horas de la noche. Pero, evidentemente, si uno tiene un insomnio tenaz es cuando resulta más peligroso. Es preciso no tener ni una gota de alcohol en casa. Yo formo parte de estos alcohólicos que empiezan a beber de nuevo a partir de un solo vaso de vino. No sé qué nombre nos da la medicina.

Un cuerpo alcohólico funciona como una central, como un conjunto de compartimentos diferentes vinculados entre sí por la persona entera. El primer afectado es el cerebro. Es el pensamiento. La felicidad por el pensamiento primero y luego el cuerpo. Es ganado, empapado poco a poco, y transportado; es la palabra: transportado. A partir de cierto tiempo se tiene la elección. Beber hasta la insensibilidad, y la pérdida de identidad, o permanecer en las primicias de la felicidad. Morir de algún modo cada día, o bien seguir huyendo.
El alcohol


"El hecho de que a todas se nos entrena desde la infancia para ser madres significa que todas estamos entrenadas para dedicar nuestras vidas a los hombres, sean o no hijos nuestros; significa que todas estamos entrenadas para obligar a otras mujeres a ejemplificar la falta de cualidades que caracteriza la construcción cultural de la feminidad."

Marguerite Duras
Gia Dinh, Vietnam 1914 - París 1996

27 comentarios:

Luis dijo...

Siempre he admirado a los que tienen el valor de sencillamente escribir, quizás porque siempre lo he pensado y siempre he dicho la próxima semana empiezo.
Un abrazo.

zayi dijo...

Hiroshima mon amour fue lo primero que me llegó de ella, lo devoré en unos días y desde entonces, cada vez que me topé con su nombre, terminé leyendo su libro.
Excelente elección...que bueno, que deleite me he dado.
Un besito.

eltramonta dijo...

Marguerite...extrañamente no había leído nada de ella, hasta hoy...Destino, aunque desconozco el capricho que lo lleva a tenerlo delante mío.
Aunque hay una cierta seda que entrama uno y otro de los relatos que has escogido, prefiero leer(te)de a uno, comenzando obvio, con el Tren de Burdeos.
Que simpleza naturalmente sensual en el relato, sin preguntas, sólo respuestas fácticas al diálogo sin palabras entre los dos. ¿Sabés, Rem, cuánto de esa simpleza sería dable esperar en los "diálogos" del hoy, tan machacados por el made in jóligud?. Pero afortunadamente, marguerite, es francesa, el tren es burdeos, burdeos es cuna de vinos célebres, como mi mendoza los tiene en sus perdriel. De sa clase de vinos, me gustaría creer que ando yo trayéndolos aún sobre la piel.
Te dejo este comentario y volveré con una buena copa de vino a ler(te) en los otros relatos.
Gracias, abrazón de alma

Véu de Maya dijo...

Amiga querida...

Deliciosa a tua postagem!!!!!
Dedicada a uma grande senhora da lietratura mundial...No que nos parece obscuro está, por vezes uma enorme claridade...Depende dos géneros...mas a preguiça é terrível...embora o ócio seja importante na vida de quem escreve algo que fica pra sempre...tenho pouco tempo pra ler...mas quando era estudante universitário...li alguns livros da Marguritte Duras...Já na altura eles tinham algo de especial pra mim...Bem hajas por partilhar estes textos...
E fiquei aqui um pouquinho a ouvir a música no original de jacques Brell.Ne me quittes pas...Maravilha...deixo-te o meu carinho de amizade distante e felicito-te mais uma vez pela modo elegante e alto como cuidas do teu blogue.
Beijinho, Véu de Maya.

Adriana Alba dijo...

Que buena selección Rem, da gusto leer a Margarita, siempre dió gusto.

Cruda, enérgica, teatral, romántica, impávida, sexy y mucho, mucho más en el genio y figura de esta mujer!

Un abrazo grandeee!

DEMOFILA dijo...

Todas las partes las partes de los libros que has puesto en la entrada me han encantado, deben ser con ella con génio, carácter y el sello de Margarita, que es inconfundible.
En el párrafo final de la entrada se dice una verdad como un templo, aunque hoy en día no es tanto como antes, pero aún en algunas culturas prevalece lo que se dice en él.
Besos, hasta pronto querida amiga

eltramonta dijo...

Leo: L'amant. Hago correr la imagen del video de esa adolescente cuya mirada virgen encuentra un destino total en ese beso exquisito e imposible a través del vidrio que los separa.¿Pero, es la despedida, o el anuncio del inicio? Leo el texto.Lo releo.Lo leo una vez más.Luego el rostro de la propia Marguerite, con los años encima y dentro, profundamente.No así en su mirada, no así en su boca.Y creo, investigador aficionado de un policial de cuarta categoría, que aquella amante de 16, 18 años sí tuvo su amante, sí su rostro se llenó de envejecimientos, pero en la mirada y los labios de la verdadera marguerite,sigue viviendo, intacta, la amante de un tren de burdeos, aunque el asiento del acompañante, como su materia, hayan sido destruídos.-

Yo, hoy, en cama, con un absurdo resfrío de primavera para un domingo vital,y oprobioso de calor y de zonda, me llevo hasta el espejo del baño, escudriño mi rostro y sus arrugas, pero sonrío, como marguerite

Ricardo Miñana dijo...

Excelente post, ha sido un placer pasar por tu casa.
que tengas una feliz semana.
un abrazo.

Salud Marquez Losada dijo...

Marguerite Duras, gracias a ti la descubro. Había oído hablar de ella sin leer ningún libro todavía.
Sentimientos sinceros, escritura cercana.

Te deseo un feliz día
Un abrazo grande

Naya

eltramonta dijo...

(Sigo leyendo(te)
Deliciosamente erótico y metafórico "capricho de tu sexo enhiesto en la noche que grita por un cobijo..."
y luego
"quizás debiera pagar...quizás sea caro...quizás tenga un precio...quizás la piel se amoldará a su cuerpo...quizás amar...quizás un solo día...quizás la muerte"

quizás, para conjurarla, debiera haberle dicho los versos de amalia bautista. A mí tb, mientras te leía me hiciste acordar de alguito:

"si hay tras de la muerte amor,después de muerto he de amarte, y aunque esté en polvo disuelto, porlvo seré, mas polvo amante", es una copla popular y anónima peruana

Gracias por haberme hecho empezar bien mi semana
Deseo espejo para la tuya.
Abrazón de alma

fgiucich dijo...

Una grande entre las grandes. Hace pocos días releí El Amante, como para no olvidarme de aquella muchachita ardiendo en los amores de Saigón. Abrazos.

Juan Carlos Rodríguez dijo...

Por ahí leí la palabra "escándalo". Algo a lo que Margueritte estaba acostumbrada, rebelde, genial, incordiosa, explosivamente revolucionaria. Escándalo es este post. Escándalo de talento, de búsqueda, de recopilación inteligente, con esa música de fondo que transporta, escándalo de belleza, de sensualidad, de calidad comprometedora. Besos.

DEMOFILA dijo...

Hola, gracías por visitarme, me ha encantado verte por mi blog.
Dices que te ha gustado mi poema, lo he escrito tal como me ha salido del corazón, tal como siento el amor; me encanta que mis visitas te causen alegría, a mi las tuyas también me lagran muchisimo y también me alegro mucho de haberte conocido.
Besos, hasta pronto querida amiga

Wílliam Venegas dijo...

Rem
amada amiga... luego vendré por lo de Marguerite Duras. Algo hay en sus formas literarias que no me complacen. Luego le hablaré.

Quiero hablarle ahora de lo que escribió usted en mi blog, sobre este conflicto creciente entre Nicaragua y Costa Rica. Lamentablemente, la xenofobia comienza a darse en mi país con más fuerza y aquí hay casi un millón de nicaragüenses que han venido a buscar mejores condiciones de vida, ellos muy trabajadores en su gran mayoría, delincuentes unos pocos. Es una fuerza laboral importante en mi país.
Nicaragua dragó el San Juan, río fronterizo perteneciente a Nicaragua. Los nicas dejaron los desechos en tierra costarricense, no estuvo bien, error político, lo que aprovechó la prensa de derecha tica para atizar contra Ortega. Luego los sandinistas se posesionaron en/de Isla Calero, llamada así, pero no es exactamente una isla. Costa Rica dice que Calero es tica; NIcaragua que es nica, y de ahí crece el conflicto.
Tengo un serio temor: Tengo miedo... A estas alturas del partido, ya dudo de mí mismo. ¿Y si es el gobierno de Laura Chinchilla –neoliberal hasta la médula y proimperial– el que miente con respecto a Nicaragua y nos tragamos el cuento para invocar luego el Tiar e invadir Nicaragua? ¿No fue así como engañó Hitler con respecto a Polonia y todos los alemanes le creyeron? ¿No nos engañó así Bush? ¿No es mejor que La Haya diga primero a quién pertenece la isla Calero?
Ya Canadá ofreció tropas a Costa Rica... ¡El Tiar! me da miedo. Lo prudente es que Nicaragua abandone Calero, ellos tienen a su ejército ahí metido armado hasta los dientes y, la verdad, somos un país sin ejército, lo que podría autorizar a nuestro gobierno a pedir ayuda militar. ¿A Estados Unidos? Creo que el propio Ortega juega con fuego. Es mejor que Calero se desocupe, que la Haya decida a quién pertenece esa geografía y listo, a aceptar la decisión. No piense que le digo lo siguiente por chovinismo tico: es que Ortega es bien matoncito y nos pone las cosas más difíciles a la gente de izquierda costarricense. A Ortega lo conozco desde jóvenes ambos, yo estaba en el movimiento estudiantil, él y otros en la montaña contra Somoza, pero a veces venían a Costa Rica y los escondíamos por algunos días en la Universidad, dentro del edificio de la Federación de Estudiantes, apoyados en la autonomía universitaria. El Ortega guerrillero y revolucionario no es el Ortega de hoy gobernante, para nada. Ninguno de ellos, de los comandantes de la Revolución, es la verdad.
Gracias, Rem, por tu amistad. Recibe mi cariño con creces.

Wílliam Venegas dijo...

Perdone, Rem amada, se me fue el comentario dos veces. Borré el segundo. Te quiero mucho.

w.m. dijo...

Rem,exquisita selección para el post. Hay una sabia mezcla de erotismo, buena literatura y femineidad en los textos que eliges y en las imágenes que acompañan. Y no hay duda que ello es deliberado, vertido en pequeñas dosis,para no embriagarse de golpe;como ese vino del que habla un lector más arriba.Un abrazo.

eltramonta dijo...

Y aquí llego por fin a Hiroshima, "mi" amor.El escondido sujeto del deseo hace que imagine a REM como la cercana Hiroshima y la imagine amante "mía" en el film de Resnais, y encuentre similitudes en las bocas de las imágenes de las mujeres que están, madura ella en la primera imagen de Los amantes del tren de Burdeos y adolescente apenas, en esa casi niña de L'amant,y en la tuya propia, esa mirada lejana y melancólica, y asimismo en la de Emannuelle Rivas de Resnais.

¿Quien eres, Rem?

"Me encuentro contigo, me acuerdo de vos..."dicen Marguerite, sobre la silla dura de un asiento en el tren de Burdeos, y el post de Rem que no tiene nombre sino el de un pintor fabuloso.
"¿Quién eres?", dice Margueritte/
/Me encuentro contigo, me acuerdo de vos.Tengo tiempo, te lo ruego, dime quién eres, dice ella, digo yo
¿Por qué no vos, en esta ciudad, en esta noche, tu mano sobre mi espalda, tu boca sobre la mía, tu boca, tan parecida a las demás como para confundirla"?
habría que concluir aquí, justo ahora y resumiendo a los muchos escribidores que te aman, como yo,
decir, Rembrandt, mon amour.

( mercí bian, "mon" amour)

hasta el siguiente relato

eltramonta dijo...

LLego a "el hombre sentado en el pasillo" y me detengo.Lo vuelvo a leer, busco en la Red, gugleo "el hombre..." Aparece un blog que ha subido un post similar.Ella es de Bolivia.
Pienso.
Vuelo hacia algunos de mis poemas publicados en el "geografías"
Pienso, cómo llegué hasta aquí, a Marguerite a través de tus textos.
Pienso.
Me detengo.Pregunto.
Has leído el libro completo?.Lo tienes? Mañana preguntaré, junto con las tareas oficiales en casa de gobierno, a su salida, por el libro en una joven libreria de aquí..
Acabo de regalar Mujeres de ojos grandes, de A.M., pero yo mismo,hace tiempo que no leo.
Pregunto, tienes correo e-mail?
Podrías escribirme?
Osvaldo
eltramonta@hotmail.com

eltramonta dijo...

Me tomo un descanso, tan breve como el del relato, como el de alguno de los relatos, para leer, "Las flores del argelino". Me duele leer el puño contra las flores, la violencia explícita y política, no de xenobia, mucho más allá, de ese puño violento y asqueroso, prepotente, imperial, fascista.No leeré "el alcohol".No leeré de esa batalla.No leeré de esa guerra individual contra un solo demonio.Releo el argelino, y sus flores desparramadas a golpes de puño, y no puedo dejar de leer en mi memoria las flores que han quedado en el camino, en mi camino de militancia, las flores que fueron silenciadas por esas perversas flores de las amapolas de plomo, enterradas sin nombre en catamarca, salta, mendoza, buenos aires, que de buenos aires se llenó de de mierdaires, ahogadas sobre el río de la plata,el nihuil...las giselle, las ave, las marías y los juanes, los desaparecidos no tienen género, sólo desaparición y luto inacabado...
pero hoy,aquí en mi tierra donde las flores y los árboles aún guardan luto con sombres pero sin tumbas, desde las 18 horas, tal vez, algunos estén recogiendos flores mientras se dicta sentencia contra los asesinos de algunas de las giselle, las ave, las marías y los juanes.
Escríbime,abrazáme, sostenme la mano...hoy, estoy sobre el piso, como las flores del argelino

ángel dijo...

Gracias por estos fragmentos selectos (una literalización del deseo y de la memoria) de mi admirada MD, a la que llegué, décadas atrás, por la película Hiroshima mon amour.

Siempre es un gusto venir a visitarte. Gracias también por tus palabras al pie del poema de Sharon Olds, en mi blog, ya tuyo.


Saludos...

Wílliam Venegas dijo...

Rem
Le debo ampliar esta afirmación

"luego vendré por lo de Marguerite Duras. Algo hay en sus formas literarias que no me complacen. Luego le hablaré."

Vuelvo luego. Seguro que lo haré.

bondearte dijo...

Que belissimos textos voce nos mostra,
voce realmente é uma mulher surpreendente.
Eu fico me perguntando como voce consegue escolher textos tão belos e expressivos,e a beleza da sensualidade presente .
Obrigado por compartilhar conosco!
Beijos e muitos beijos para voce , minha querida amiga.
Paulo

el oso dijo...

Y hay quienes transforman hechos en arte.
Como ella.

Besos

Anónimo dijo...

Muy buen post, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)

Anónimo dijo...

Interesante post, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)

Anónimo dijo...

Si, probablemente lo sea

Analuka dijo...

Belíssimo blog!!! Levarei o endereço, para voltar outras vezes... e deixo abraços alados azuis, ao vento...